En España, aspiran a la creación de grupos cooperativos de mayor dimensión, para ser más fuertes

En España, el dirigente Ángel Pacheco se puso al frente de Cooperativas Agroalimentarias de Extremadura en un momento crítico para el sector, conmocionado por al hundimiento del buque insignia que suponía Acorex para el cooperativismo en Extremadura. Cuatro años y una pandemia después, el presidente de Cooprado renueva mandato al frente del colectivo que aglutina los intereses de 189 cooperativas de la región y renueva también objetivos: grupos más grandes para ser más fuertes.

El dirigente español habló sobre distintos aspectos que hacen al desenvolvimiento de las entidades de su sector.

— En su primer mandato se fijó como objetivo impulsar el movimiento cooperativo ¿Lo ha logrado?
— Veníamos de un momento difícil con la caída de Acorex y parecía que todo el organigrama del sector cooperativo en Extremadura se tambaleaba. Pero la realidad es que había un montón de cooperativas muy sólidas. En estos cuatro años hemos intentado fortalecer el movimiento cooperativo de la región y poco a poco se va logrando

— ¿Qué retos destacaría de esta nueva etapa? El escenario quizás ha cambiado en estos meses.
— La prioridad debe ser seguir fortaleciendo el sistema cooperativo, fundamentalmente en la dimensión, porque tenemos aún estructuras muy pequeñas que van a tener una situación muy complicada si no son capaces de unirse a otro grupos o crear grupos nuevos. Otro reto es el relevo generacional. Nuestros agricultores y ganaderos van envejeciendo y eso lleva al abandono de la actividad. Frenarlo supone ilusionar a los jóvenes y que entiendan que el sector primario es esencial y estratégico El futuro pasa por el relevo generacional, pero hay que abordarlo y planificarlo.

— Pero aunque se aborde, los efectos no serán inmediatos y el reto demográfico es una realidad…
— Si, pero las cooperativas somos esenciales en el mundo rural porque generamos actividad. Donde hay una cooperativa fuerte se nota mucho menos el problema del desempleo. No somos oportunistas que lleguamos al territorio mientras el negocio es interesante y cuando deja de ser interesante se va. Somos imprescindibles para hacer frente al reto demográfico.

— En medio de una crisis como la actual y en un contexto de incertidumbre por el impacto del coronavirus, ¿cuál es la situación del cooperativismo en la región?
— Durante la pandemia hemos demostrado nuestras fortalezas. Ninguno de los agricultores y ganaderos que pertenecen a cooperativas han dejado su producción en el campo. En los primeros momentos de la pandemia hubo muchos problemas para colocar productos en los mercados y la caída de la demanda fue tremenda, pero las cooperativas hemos demostrado nuestra fortaleza, mientras que los agricultores y ganaderos que trabajan de forma individual lo han pasado bastante peor.

— Pero, ¿cómo va a continuar esto…?
— La situación va a continuar así, no solo por la pandemia, sino porque los mercados están muy bien organizados. Nosotros tendremos que organizarnos para que, a la hora de comercializar, tengamos el mayor tamaño posible, seamos competitivos y no nos hagamos la competencia entre nosotros, que es lo peor que nos puede pasar.

— ¿Hay que aumentar la dimensión antes que reforzar su facturación y que sean más fuertes?
— Una cosa va a llevar a la otra, La dimensión de las cooperativas es la piedra angular del proyecto. En los últimos años se han dado pasos en la creación de cooperativas de segundo grado para comercializar y el 85% de la facturación de las cooperativas está en manos del 15% de los grupos. Hay que seguir avanzando porque aún quedan cooperativas muy pequeñas y nuestro futuro pasa por vender nuestra producción excedentaria, al resto de España y a mercados internacionales. Pero para eso hace falta dimensión.

— En los últimos meses se ha puesto en valor la importancia del sector primario, que era algo que reivindicaban…
— Si para alimentarnos hubiéramos tenido que depender de terceros países como nos ha pasado con las mascarillas, los respiradores o los epis, hubiéramos tenido un problema grave. En la alimentación solo hemos dependido de nosotros y, aunque en los primeros días cundió el pánico y los supermercados se desabastecieron, después se vio que al día siguiente los lineales estaban llenos de nuevo. Esa labor es en muchas ocasiones sorda y ciega, y es una asignatura pendiente visibilizar lo trascendente que es la labor del sector primario. Si nos cargamos el sector primario nos cargamos todo. Y más aún en una región como Extremadura, en la que tiene un peso tan importante.

— En la Agenda de Reactivación económica han señalado una treintena de problemas, no todos directamente vinculados a la actual pandemia… ¿por dónde hay que empezar?
— Por los problemas estructurales que tenemos, como la dimensión de las cooperativas, que representamos al 50% del sector primario. Intentar reactivar la región sin contar con las cooperativas, es descabellado.

— ¿Hay consenso en el sector sobre la necesidad de unir fuerzas?
— Creo que todas las cooperativas estamos unidas en que este es el camino y de hecho cada vez hay más acuerdos para comercializar. Porque llegar a un mercado no es llegar. Para ello necesitas una producción constante y de calidad excepcional para mantenerte. Y eso es muy difícil de forma individual.

— Habla de la necesidad de afrontar inversiones, pero… ¿en qué sector?
— En la industrialización de las cooperativas… Las explotaciones han cambiado enormemente en 20 años y ahora tenemos que incrementar la transformación. No tiene sentido que produzcamos aquí para que transformen otros.

— Porque el valor añadido se lo queda quien transforma…
— Si, si, evidentemente. Nosotros ya estamos haciendo lo más difícil, que es producir productos de calidad, pero hay que dar el paso siguiente. La pandemia nos ha dado la oportunidad de conocer nuevas fórmulas de venta como la venta online. Pero hacen falta nuevas infraestructuras y ahí es donde debemos hacer el esfuerzo inversor ahora.

— ¿Sacar los productos de zonas rurales pasará por la digitalización?
— Es difícil. Tenemos zonas geográficas en las que el acceso a las nuevas tecnologías no es muy bueno aún. Y no olvidemos las carencias en infraestructuras como el ferrocarril. Tenemos un sobrecoste de producción que otras regiones no tienen y hay que darle solución. Colocar un kilo de concentrado de tomate en el centro de Europa, le cuesta a un extremeño tres veces más que a un italiano. No tenemos las mismas condiciones.

— Hace un año crearon una sectorial de Igualdad para promover que se visibilice a la mujer en el sector cooperativo de la región. ¿Qué balance realiza hoy?
— Es un trabajo lento y de abajo a arriba… Pero a principios de 2019 teníamos dos presidentas de cooperativas y a finales de ese año había 14. Creo que a medio plazo, con esta línea de trabajo, se pueden ver los resultados, y que en los consejos rectores haya una cantidad de mujeres que represente al volumen real de socias que tenemos.