Mondragón encara un ambicioso proyecto: formar como cooperativistas a los exguerrilleros de las FARC

La Unión Europea (UE) ha confiado en la Corporación Mondragón, en su rol de referente mundial en el ámbito del cooperativismo, para fortalecer el grupo cooperativo constituido por excombatientes de las FARC a raíz del acuerdo de paz suscrito a finales de 2016 (ECOMUN) y sus cooperativas de base, desde un enfoque de desarrollo territorial participativo basado en la innovación social.

Se trata, en esencia, de formar a los antiguos guerrilleros en el cooperativismo para posibilitar esa colectiva reincorporación económica y social en la que hicieron hincapié las FARC para alcanzar el acuerdo de paz.

El enunciado habla por sí solo de la trascendencia de la iniciativa: se trata de un trabajo de 30 meses para consolidar el proceso de paz en Colombia a partir de la reinserción y la reincorporación social y económica de los exintegrantes de las FARC y sus familias. Y la vía práctica para lograr este objetivo que soporta el papel es el fortalecimiento del proyecto cooperativo, la promoción de iniciativas y proyectos de economía social sostenibles.

Este ambicioso proyecto europeo, avalado por el Gobierno de Colombia, lo lideran LKS Next y Alecop, que forman parte de la División de Consultoría e Ingeniería de la Corporación Mondragón, con la colaboración activa de Agirre Lehendakaria Center.

El reto en el que están inmersos desde el pasado año es de gran complejidad, ya que, como expone el corresponsable del proyecto, “tenemos que desarrollar una actividad económica para generar puestos de trabajo estables para los más de 5.000 exintegrantes de las FARC que en estos momentos están asociados al grupo cooperativo ECOMUN —vienen a suponer un tercio del total de excombatientes—”, sin contar a sus familias. “Y la cifra de asociados va subiendo”, destaca Barandiaran. De hecho, estima que “habrá que crear entre 5.000 y 6.000 puestos de trabajo estables” en un país donde el cooperativismo no está extendido.

Se puede decir que la vinculación entre los grandes actores implicados en el proyecto surgió de forma natural. LKS Netx llevaba desde 2017 trabajando en Colombia para intentar poner en marcha un proyecto piloto de desarrollo territorial “en el contexto del postconflicto, con un enfoque muy social, muy participativo”, y la UE encontró sobre el terreno el agente deseado para “ordenar” la cooperativa creada por los exmiembros de los FARC ya que veía que “estaban perdidos” y ECOMUN “no evolucionaba adecuadamente”. Había que acompañar a las cooperativas en su camino de creación potenciando sus cadenas de valor, la sostenibilidad económica y su carácter de transformación social.

Pero hubo reservas iniciales. “Al principio teníamos dudas. No queríamos que de alguna forma se ligara el nombre de la Corporación Mondragón a un movimiento terrorista”, admite Barandiaran. La tranquilidad llegó de la mano de las organizaciones que financian y soportan el proyecto, que está respaldado económicamente por el fondo fiduciario para Colombia de la UE, en el que participan 19 países, entre ellos España, Alemania, Francia, Reino Unido o Italia. Europa aporta 7,5 de los 9,5 millones de euros de financiación del proyecto, que también es apoyado por el Gobierno de Colombia con 1,1 millones de euros, la Agencia Española de Cooperación Internacional y Desarrollo, ACEID (300.000 euros), o la Agencia Vasca de Cooperación para el Desarrollo Elankidetza (300.000 euros).

Y más allá de la financiación, a esta tranquilidad también contribuyó la garantía de Europa de que su ámbito de actuación se limitaría al terreno socioeconómico sin cualquier atribución política. Para la UE es “muy importante” trasladar a Colombia la experiencia del País Vasco, la transformación vivida tras largos años del terrorismo de ETA, en apoyo al desarrollo de este país de América Latina. “Estamos trasladando la experiencia cooperativa de Mondragón pero también la experiencia de transformación del País Vasco en un proceso de conflicto, de cómo el País Vasco ha sido capaz de desarrollarse, desde ser un territorio en crisis y en conflicto a un territorio avanzado e igualitario”, subraya el gerente adjunto de la UTE creada por LKS y Alecop para poner en marcha el proyecto.

Ya sobre el terreno, la primera tarea ha sido cambiar la mentalidad. Pasar de una mentalidad asistencialista a una emprendedora. Educar en cooperativismo y en negocio. “Les insistimos en que para que un movimiento cooperativo sea sostenible y tenga impacto allá donde está implantado necesita desarrollar negocio, porque si no hay negocio no hay nada que repartir. Insistimos mucho en este enfoque fundamentalmente emprendedor, de que no pueden depender de lo que les dé el Gobierno. Les hacemos ver que deben trabajar el concepto de negocio, de mercado, para asegurar la sostenibilidad de cada una de las cooperativas individuales. Les estamos metiendo eso constantemente en la cabeza”, expone Barandiaran.

En otras palabras, “les estamos cambiando el orden” para dar relevancia al aspecto económico, ya que “tienen la parte social demasiado elevada”. “En ocasiones hablan de trueque y esto no funciona. Tenemos que conseguir que las actividades económicas sean rentables y sostenibles porque, de lo contrario, no tienen futuro. Les insistimos en que deben asegurarse de que lo que implantan, sabiendo la dimensión que tiene, debe ser rentable y que además lo tienen que hacer hablando de igualdad, de salario digno, de un trabajo digno, de una gestión participativa… Estamos hablando con ellos de intercooperación económica para ayudar a cooperativas en mala situación, emprender en nuevos negocios… Pero eso tiene que ser rentable, porque no pueden depender de terceros ni tener un sistema existencialista. Es un proyecto económico ante todo”, apunta.

Ahora bien, más allá de la teoría, ¿en qué ámbitos prácticos se pueden plasmar los conceptos del cooperativismo? La delegación vasca ha fijado tres actividades que ellos intuyen que pueden tener futuro: la piscicultura, el turismo y la cadena de valor de la agroindustria. “Son los tres grandes nichos”, resume Barandiaran. La gran apuesta es la piscicultura. “Puede ser un proyecto interesante de generación de flujo económico y de beneficios”, apunta.

De hecho, financiar esta actividad, por su potencialidad, es una de las patas sobre las que se sustenta el proyecto encaminado a conseguir la reincorporación social y económica de los excombatientes de las FARC. Así, se va a trabajar en el diseño, construcción y montaje de infraestructura productiva piscícola, desarrollar la estrategia de mercado y comercialización, y apoyar la comercialización de productos piscícolas.