Durante tres décadas fueron como el agua y el aceite y finalmente decidieron trabajar en conjunto

La historia de la animadversión entre las dos grandes confederaciones del cooperativismo argentino, como lo son Coninagro y Cooperar, se venía arrastrando desde hace casi tres décadas. Y esa situación tenía estrecha relación con los dirigentes que manejaban ambas entidades de grado superior.

Sin duda alguna, eran como el agua y el aceite. Y esa definición la brindó a este medio de difusión  un alto directivo de la entidad del cooperativismo agropecuario, a fines de la década del 80.

Rubén Beraja y Juan Carlos Fissore, quienes entre los dos manejaron Cooperar durante casi veinte años, eran personajes que tenían las puertas cerradas en Coninagro.

Todo aquel que tenga buena memoria en el cooperativismo, debe recordar cómo se manejaron ambos personajes en cada una de sus gestiones al frente de la entidad de tercer grado del cooperativismo urbano.

De manera que no había forma de que se entablara un diálogo amistoso entre las dos confederaciones, mientras Beraja y Fissore ejercieron sus conducciones. Estos dos personajes se fueron y quienes luego les sucedieron en la presidencia de Cooperar, no demostraron preocupación por el restablecimiento de las relaciones con Coninagro.

Pero a partir de la asunción del doctor Ariel Enrique Guarco, la situación cambió totalmente. El actual presidente de Cooperar es un dirigente que impulsa y pregona la integración en todos los niveles del movimiento.

Tiene una mirada totalmente diferente a quienes fueron sus antecesores. Primero efectuó contactos informales con directivos de Coninagro  y luego adquirieron carácter oficial, hasta que finalmente ambos presidentes, Ariel Guarco y Carlos Iannizzotto, anunciaron que las dos confederaciones han comenzado a avanzar en acciones conjuntas.

Punto final para una situación originada por dirigentes que solo pensaron en sus conveniencias personales y no en las del conjunto.