
El presidente del Grupo GESTA, Miguel Olaviaga, analizó el presente del sector, anticipa el impacto de la revolución tecnológica y advierte sobre la necesidad de integración, organización y madurez institucional frente a un escenario atravesado por tensiones económicas y redefiniciones políticas
“Las cooperativas y mutuales son herramientas centrales para equilibrar la economía y la vida de los pueblos. Muchas cosas que se regulan desde arriba se deberán, necesariamente, regular desde abajo”, apunta el dirigente cordobés.
Hablar de cooperativas y mutuales no es hablar del pasado. Para Miguel Olaviaga, presidente del Grupo GESTA, es hablar de estructuras vivas, dinámicas y absolutamente vigentes, pensadas desde sus orígenes para enfrentar las crisis y sostener a las comunidades cuando otros modelos hacen agua. Desde esa convicción, traza un balance del año, proyecta desafíos para 2026 y reflexiona sobre el vínculo con el gobierno nacional y el lugar de la economía social en la Argentina que viene.
«MUTUALES Y COOPERATIVAS NO COMPARTEN SU ORIGEN HISTÓRICO»
Olaviaga parte de una mirada deliberadamente “optimista”, como él menciona, aun reconociendo que mutuales y cooperativas no comparten un mismo origen histórico. “No son concomitantes desde el punto de vista de su nacimiento y de su historia”, aclara, pero rápidamente marca el punto de unión: ambas surgen como formas colectivas de organización frente a la adversidad.
En el caso del mutualismo, remite a un origen tan antiguo como la propia Humanidad. “Antes que la propiedad fuera propiedad, ya había grupos humanos que se nucleaban para enfrentar las consecuencias de la propia naturaleza”, señala. Como ejemplo remoto, menciona a los labriegos del río Nilo, que conocían los ciclos de crecida, trabajaban en común la labranza y establecían criterios de equidad para la distribución de lo producido. “Estamos hablando de los albores de las primeras organizaciones sedentarias, cuando el hombre dejó de ser nómade”, explica.
El cooperativismo moderno, por su parte, aparece más cerca en el tiempo. Olaviaga lo sitúa en 1844, en Inglaterra, con los pioneros de Rochdale, aclarando que aquellas experiencias iniciales no contaban todavía con el cuerpo doctrinario que hoy sostiene al cooperativismo universal. Sin embargo, insiste en que el espíritu es el mismo: organización colectiva para producir, sobrevivir y equilibrar desigualdades.
HERRAMIENTAS VÁLIDAS PARA SOCIEDADES MODERNAS
Desde esa perspectiva histórica sostiene que mutuales y cooperativas siguen siendo herramientas plenamente válidas para las sociedades modernas atravesadas por crisis recurrentes. “Son instrumentos adecuados que se deben tener en cuenta para el equilibrio de la economía y de la vida de los pueblos”, afirma.
En ese punto cuestiona una mirada reducida de la economía, limitada al Estado por un lado y a la empresa lucrativa por el otro. “Nosotros aportamos a un sistema de economía plural”, plantea, donde el Estado cumple su rol de nivelador de desigualdades y la empresa privada actúa bajo la lógica del lucro, pero donde también existe un tercer sector con identidad propia. Olaviaga recuerda que, hoy, una porción significativa del PBI ya se expresa a través de acciones colectivas, mutuales y cooperativas insertas en prácticamente todas las actividades económicas.
Con ese marco resume el cierre del año como un período de búsqueda de identidad sectorial, atravesado por los vaivenes de la vida democrática y las distintas orientaciones políticas de los gobiernos. Un año complejo, pero lejos de la parálisis.
DESAFIO 2026: TECNOLOGIA, DEMANDA SOCIAL Y ADAPTACIÓN
Al proyectar el año 2026, Olaviaga advierte que el escenario estará marcado por transformaciones que exceden al propio sector. “El año va a estar atravesado por esta revolución digital manifiesta y por la propuesta de la Inteligencia Artificial, que llega incluso a límites insospechados”, sostiene.
En ese contexto, reconoce que muchas entidades, vistas desde afuera como estructuras rígidas o cristalizadas en el tiempo, deberán buscar nuevas formas de operar. El desafío, explica, pasa por adaptarse sin perder identidad. “Estas entidades van a tener que enfrentar un desafío que tiene que ver con la calidad de los productos y los servicios que ofrecen, y con su relación con el llamado mercado”.
Lejos de esquivar ese concepto, Olaviaga plantea que mutuales y cooperativas deben pararse frente al mercado con propuestas sólidas y nobles. Para ilustrarlo, recurre a una experiencia local concreta: la incursión del mutualismo en el servicio de televisión en Villa María. “Era un monopolio durante más de 40 años y, sin experiencia previa en el rubro, una organización mutual decidió incursionar”, recuerda. Hoy, señala, esa decisión se traduce en una participación en igualdad de condiciones en servicios de cable, conectividad IP y telefonía inalámbrica.
«ESTAR ATENTOS A LA DEMANDA DE LOS ASOCIADOS»
Desde allí propone un cambio de enfoque: “Hoy no hay que imaginar qué pueden producir las entidades, sino estar atentos a la demanda que desde el colectivo hacen sus propios asociados”. Alimentación, medicación, tecnología, cultura, educación: “No existe límite”, afirma. Y lanza una pregunta que atraviesa toda su mirada: “¿Por qué, si nos organizamos colectivamente para resolver un tema, no podemos aplicar la misma formulación para abordar otras demandas?”.
Para Olaviaga, el desarrollo del sector en 2026 no dependerá de variables externas favorables, sino de la capacidad de adaptarse a la realidad concreta. “No es un año bueno porque llovió lo suficiente; tenemos que desarrollarnos con las condiciones que la propia realidad nos vaya imponiendo”, resume. Y expresa su confianza en que el sector tiene un rol clave para impulsar “una forma más humanística, un rostro más humano de la economía”.
Al abordar el vínculo con el Gobierno nacional, Olaviaga es claro: cualquier tendencia que se defina desde los centros de poder debe encontrar una respuesta organizada del sector. “Las tendencias que se puedan manifestar desde arriba tienen que tener una respuesta adecuada en esto de sobrevivir y desarrollarse”, señala.
«AVANZAR HACIA UNA PERSONERIA UNIFICADA»
El primer desafío, según su mirada, es avanzar hacia una personería unificada de la economía social. “No estamos hablando solamente de cooperativas y mutuales”, aclara, sino también de sindicatos, obras sociales, asociaciones civiles y entidades intermedias. “Todas expresan una actividad análoga desde el punto de vista de los principios”, afirma.
Sin embargo, reconoce una deuda pendiente: “Si caminamos la misma vereda y no nos terminamos de conocer, de encontrar, de identificarnos con una personería única, estamos perdiendo una enorme oportunidad”. Para Olaviaga, esa maduración permitiría que muchas de las regulaciones que llegan desde arriba puedan también construirse desde abajo. “Muchas cosas que se regulan desde arriba se deberán, necesariamente, regular desde abajo, desde las organizaciones del pueblo”, sostiene.
En ese esquema, insiste en abandonar la lógica de la competencia interna. “No competir entre mutuales y cooperativas, no competir entre sindicatos y cooperativas, no competir entre obras sociales y mutuales”, enumera. “No se trata de competir, sino de integrarnos, porque la propuesta es de carácter análogo”.
LA IMPORTANCIA DE LA DEMOCRACIA INTERNA
Define este vínculo como un equilibrio delicado, un péndulo permanente entre la rentabilidad y la acción estatal. En ese punto, subraya la importancia de la democracia interna, la transparencia y la mejora constante de los servicios, siempre desde una lógica de complementariedad.
Finalmente, abre el juego a alianzas estratégicas con las Pymes. Recuerda que la Argentina cuenta con alrededor de 600 mil empresas, mayoritariamente pequeñas y medianas, y plantea: “Si ya se decía que las empresas pequeñas eran el mejor resguardo frente al avance del gran capital, ¿por qué no pensar en alianzas virtuosas entre las pymes y la economía social?”.
Con el Estado ocupando el rol que le corresponde, Olaviaga concluye que el sector todavía tiene mucho por aportar. No como un actor marginal, sino como un componente central de una economía más equilibrada, más democrática y con mayor anclaje en la vida cotidiana de las comunidades.
ANCLAJE TERRITORIAL Y UN HORIZONTE MAS HUMANO
El intercambio con Miguel Olaviaga deja la sensación de estar frente a un dirigente formado en la cultura del hacer colectivo, con una mirada que no se agota en la coyuntura ni en la urgencia del día a día. Su recorrido por la historia, su lectura del presente y su proyección hacia lo que viene reflejan una concepción profundamente arraigada en los valores del mutualismo y el cooperativismo, donde la organización social no es una consigna, sino una práctica sostenida en el tiempo.
En un país atravesado por crisis cíclicas, fragmentación social y una creciente concentración de decisiones económicas, la experiencia y la palabra de referentes como Olaviaga vuelven a poner sobre la mesa una idea tan simple como potente: las respuestas duraderas no nacen del individualismo, sino de la capacidad de construir con otros.
Aferrarse a estructuras colectivas, democráticas y solidarias no es un gesto nostálgico ni ideológico, sino una necesidad concreta para pensar un desarrollo más equilibrado, con anclaje territorial y un horizonte más humano.


