El cooperativismo de trabajo se definió como contrario a la reforma laboral y ratificó su alineamiento con el sector

 

Organizaciones como la Confederación Nacional de Cooperativas de Trabajo (CNCT) se expidieron como contrarias a la reforma laboral, en representación de las federaciones que la conforman. A su vez, la Federación de Cooperativas Autogestionadas de la República Argentina para otra Economía (FEDECARA) fue una de las primeras en marcar la cancha. A través de un comunicado que rebotó fuerte en el sector, la entidad ratificó su alineamiento histórico con el movimiento obrero.

Para FEDECARA, la discusión no es técnica ni jurídica, sino política e identitaria. «A pesar de nuestra conformación como cooperativas, somos trabajadores y trabajadoras», definieron. Esta postura se tradujo en el cese total de actividades en fábricas recuperadas y empresas autogestionadas, que bajaron sus persianas no solo por las dificultades logísticas, sino como un acto de defensa propia ante una reforma que consideran regresiva.

También las cooperativas de trabajo de pertenencia gremial activa, como las gráficas, metalúrgicas y las de la industria del cuero, participaron activamente de la jornada de paro nacional frente al tratamiento de la reforma laboral en diputados.

El cooperativismo de servicios: gestión y acompañamiento

Más allá de la primera línea de fuego, el cooperativismo de servicios públicos también jugó su rol. Lejos de ser ajenos al conflicto, muchas Cooperativas Eléctricas del interior, como las de Eldorado, Bariloche y Pehuajó, acompañaron la medida operando exclusivamente con guardias mínimas, respetando la decisión de sus trabajadores nucleados en sindicatos como Luz y Fuerza. Este esquema se replicó también en el sector de consumo, donde entidades como la Cooperativa Obrera mantuvieron sucursales abiertas donde fue posible, equilibrando la prestación de servicios esenciales con el derecho a huelga de sus empleados.

La jornada del 19F deja una certeza: la Economía Social, Solidaria y Popular no es un bloque homogéneo ni silencioso. Sus actores más dinámicos —el trabajo autogestionado y la economía popular— se asumen como protagonistas de la puja distributiva, dispuestos a poner el cuerpo y la voz cuando los derechos laborales están en juego.